30/08/2022
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Aunque el tiempo es muy propicio para esta labor agrícola, este 2022 se ha visto marcado como en anteriores años no solo por el cambio climático, sino que también con el aumento de precios en fertilizantes y transportes que ha sacudido a todo el sector agrofood.

De hecho, el sector primario ya venía sufriendo el alza de los costes de producción y el conflicto bélico en Ucrania no ha hecho más que agravar la situación. Para el eslabón intermedio de la cadena de valor, la industria agroalimentaria, la situación evoluciona más positivamente a pesar del encarecimiento de la energía y, por el momento, no parece verse afectada en demasía por la falta de suministros global. Los índices de demanda apuntan a que los patrones de consumo de alimentos están volviendo a la normalidad (antes de la llegada del covid-19), aunque preocupa que la persistencia del incremento de los precios de los alimentos provoque que se vea afectado al consumo real. 

De hecho, realizando una visión ampliada, hay dos fuerzas importantes e interrelacionadas por la que se ve afectada la cadena de valor y que está poniendo a prueba el sistema alimentario mundial: el cambio climático y la tasa de crecimiento de la población a nivel mundial. La agricultura moderna y las cadenas alimentarias están intensificando el calentamiento global y agotando el capital natural para poder abastecer a las personas, poniendo en evidencia la necesidad de fortalecer la cadena de valor de los alimentos y mejorar el acceso al mercado.

Futuras actuaciones para el agrofood

Es por ello por lo que la sostenibilidad constituye un elemento clave de las políticas europeas del sector agroalimentario según el marco de la Estrategia de la Granja a la Mesa y el Pacto Verde Europeo. Tal es su relevancia, que el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) está desarrollando actuaciones propias de fomento de la sostenibilidad y de la calidad alimentaria y poder garantizar que todos los alimentos comercializados son alimentos sanos, seguros y sostenibles.

Pero para lograr estos objetivos hay otros elementos a tener en cuenta y que son clave para transformar el sector agroalimentario a las necesidades actuales, como son: la innovación, la digitalización y la formación continuada en un sector que está inmerso en un constante cambio.

Además, el escenario macroeconómico de este año acentúa aún más la necesidad, y es por ello por lo que juegan un papel prioritario y que en los últimos años se han consolidado como parte esencial de la agenda política, comunitaria y nacional. Tanto es así que son los ejes centrales de la estrategia marcada por las políticas europeas de I+D+i (Horizonte 2020/Horizonte Europa), en la PAC y en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia.  

El PERTE Agroalimentario, desarrollado en el marco del Plan de Recuperación que abrirá su convocatoria en el mes de septiembre, va a contribuir en gran medida a dinamizar el conjunto de la cadena a través de iniciativas que constituyan nuevos proyectos de transformación del sector y se erigirá en un catalizador de iniciativas para modernizar el sector agroalimentario. Impulsando el crecimiento de las inversiones, sobre todo en seguridad alimentaria mediante aplicaciones Blockchain favorecen la trazabilidad y el etiquetado de los alimentos, pero también cara al transporte y la logística, pueden ayudar a frenar uno de los grandes problemas del sector: el desperdicio de alimentos y los recursos naturales utilizados para producirlos.

Carmen Ovejero

Sectorial Leader Agroofood

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